bioplasticos no solucion

Ya hace algún que otro año que escuchamos el problema medio ambiental provocado con el consumo de unos de los productos más comúnmente vistos en establecimientos hosteleros, las pajitas de plástico.

Hace tiempo salió un estudio que decía que es el octavo residuo más encontrado en el océano y ahora en invierno, después de grandes temporales y tormentas como “Gloria”, solo tenemos que dar salir a pasear por cualquier playa para encontrar decenas de ellas, en perfecto estado.

Siguen en perfecto estado, porque muchas de ellas, están fabricadas con plástico muy resistente no solo a temperaturas frías y calientes, sino a tirones y roturas. Tanto es así que algunas de estas pajitas vivirán mucho después que nosotros, y que nuestros nietos.

500 años en desaparecer. Pero quizá, el mayor problema no es ese.

Durante los más de 500 años que tardarán en desaparecer, se irán dividiendo en pedazos cada vez más y más pequeños (por el proceso de “foto degradación”), siendo accidentalmente ingeridas por todo tipo de animales marinos, aves, y quizás, en última instancia, incluso seres humanos.

Pero lo cierto es, que aún siendo pública esta información, en el último informe de Greenpeace se cifra en 13 millones de unidades al día el consumo de pajitas de plástico en España, siendo el país de Europa que más pajitas consume.

La problemática de este elemento no solo radica en su composición e impacto medioambiental, sino en el hecho de que no sea posible reciclarlo. Las máquinas que reciclan plástico en los mayores centros de reciclaje del país no cuentan con los atributos

necesarios para el correcto reciclado de un elemento tan pequeño, y todas ellas acaban en vertederos, siendo en ocasiones arrastradas por vientos o riadas, y haciendo su camino poco a poco al último lugar donde puede acabar todo. El mar.

Actualmente, es común ver cada vez más establecimientos que optan por algunas pajitas “biodegradables” como solución, de elementos como almidón de maíz (PLA), fécula de patata o caña de azúcar. La realidad, es que estos elementos, son mejores que el plástico, pero no son una alternativa real. Su impacto medioambiental es similar al del plástico, con la única diferencia de que en vez de 500 años, tardan algo menos en desaparecer, pero son igualmente tóxicos si son ingeridos por cualquier animal marino.

“Ningún elemento concebido para un solo uso de algunos minutos,
debe tener una capacidad de duración de cientos de años”.

Quizás por eso, las pajitas de papel se posicionan como la única alternativa realmente sostenible a un producto que impacta tan desastrosamente en el medioambiente al convertirse en residuo. Las pajitas de papel se deshacen en semanas en el medio natural, y además no tienen la capacidad de dañar a ningún animal marino o ave.

Puede que no sean tan resistentes como las de plástico, pero quizás es que ningún elemento concebido para un solo uso de algunos minutos, tenga que tener una capacidad de duración de cientos de años.

Ahora, como todo producto, es muy importante saber elegir las adecuadas, y en este caso, lo más importante es que sean fabricadas con papel certificado FSC, procedentes de bosques especialmente cultivados para la producción de papel para consumo y fabricación de productos de forma sostenible.

Al final del día, nosotros como consumidores somos los responsables de elegir las alternativas adecuadas, para poder vivir en un mundo en el que el medio ambiente y la fauna marina no sea consecuencia del impacto indirecto de nuestra forma de consumo.

 

Alex Dakov

Fuente: artículo completo escrito para la revista “Revolución en la Sala”.